Mi equipo de trabajo no responde... y quizá no es un problema de compromiso
- Nuria Sánchez Romanos

- hace 3 días
- 4 Min. de lectura

En este artículo verás:
No es que el equipo no trabaje
Trabajan.
Pero algo no termina de arrancar.
Las mismas conversaciones se repiten.
Los mismos errores vuelven.
Y tú tienes la sensación de estar siempre corrigiendo, siempre afinando, siempre empujando un poco más.
Desde fuera parece implicación.
Desde dentro empieza a sentirse agotamiento.
Cuando piensas "mi equipo de trabajo no responde", lo normal es hacer más de lo mismo: estar más encima, corregir más, hacer tú más.
No suele aparecer como un gran problema.
Aparece en detalles pequeños.
Cuando revisas un mensaje fuera de hora “solo para mirar”.
Cuando entras a una reunión sabiendo que no se va a decidir nada.
Cuando corriges algo que, en teoría, ya no debería pasar por ti.
Porque cuando liderar se convierte en una lista infinita de “cosas que no funcionan”, el problema deja de ser operativo y pasa a ser estructural.
Por qué cuando mi equipo de trabajo no responde, corregir más no da los resultados que espero
Durante años nos han enseñado a dirigir así:
detectando fallos,
corrigiendo debilidades,
dejando en segundo plano lo que ya funciona,
señalando todo aquello que hay que mejorar.
Tiene sentido.
Es responsable.
Es lógico.
Y durante un tiempo, incluso funciona.
El problema aparece cuando esta forma de dirigir deja de ser puntual y se convierte en la manera habitual de estar al frente del equipo.
Entonces empiezan a pasar cosas.
el equipo espera
la iniciativa baja
tú acumulas decisiones
No porque la gente no valga.
Sino porque todo el sistema gira alrededor de lo que falta,no de lo que ya funciona.
Y, casi sin darte cuenta, te conviertes en las manos por las que todo ha de pasar.
El error silencioso que agota a los líderes y frena a los equipos
Este es el punto ciego de muchos directivos comprometidos.
No lideran mal.
Lideran desde la carencia.
Desde lo que falta, lo que no llega.
Desde la idea (no siempre consciente) de que dirigir consiste en arreglar lo que no funciona.
Ese marco mental cambia la relación con el equipo.
Ya no miras personas.
Miras problemas.
Y cuando ese marco se repite día tras día, el impacto no es solo operativo.
Es humano.
el equipo se protege,
la responsabilidad se desplaza hacia arriba,
el/la líder se sobrecarga.
No porque las personas no puedan.
Sino porque el contexto no les pide que puedan.
A esto lo llamo, sin dramatismos, la trampa de la debilidad.
Y esa trampa es la que está impidiendo que dejes de pensar lo de "mi equipo de trabajo no responde" y empieces a preguntarte qué sí está funcionando y porqué.
Qué cambia cuando dejas de centrarte en lo que no funciona
El cambio no empieza cuando el equipo hace algo distinto.
Empieza cuando tú cambias el foco.
No cuando exiges más.
No cuando corriges mejor.
Sí cuando empiezas a mirar dónde sí responde el equipo, aunque no sea perfecto.
Hay algo que muchos líderes descubren tarde: no todo el rendimiento nace del esfuerzo.
A veces nace de permitir que cada persona aporte desde donde rinde mejor.
Desde lo que aprende rápido.
Desde lo que activa.
Desde lo que no necesita ser empujado todo el tiempo.
Cuando dejas de mirar solo errores y empiezas a observar:
dónde fluye la energía,
dónde hay aprendizaje real,
dónde las personas se implican sin que tengas que estar encima
no estás siendo blando/a.
Estás dirigiendo con más criterio.
No es motivación barata.
Es cambiar el punto desde el que miras.
Cómo activar el rendimiento sin quemarte ni quemar al equipo de trabajo
Aquí conviene parar un momento.
Trabajar desde fortalezas no significa:
evitar lo difícil,
hacer solo lo cómodo,
mirar para otro lado cuando hay problemas,
Una fortaleza no es solo algo que se te da bien.
Es una capacidad que:
te da energía.
se puede entrenar.
se expresa en acciones concretas.
Y bien utilizada, eleva el nivel del conjunto.
Cuando un equipo opera desde sus fortalezas:
hay más autonomía,
menos supervisión constante,
más responsabilidad compartida.
Y eso no solo mejora resultados.
Reduce desgaste.
El tuyo y el del equipo.
El límite poco hablado: cuando incluso las fortalezas del equipo se vuelven un problema
Seamos honestos/as.
Incluso lo bueno, llevado al extremo, puede jugar en contra:
demasiado autocontrol se convierte en rigidez,
demasiado optimismo ciega ante riesgos,
demasiada responsabilidad acaba en sobrecarga,
El contexto importa.
El momento importa.
Y liderar bien no va de tener todas las respuestas, sino de saber ajustar.
Ese matiz es el que suele faltar en muchos discursos sobre liderazgo.
Qué tipo de acompañamiento para directivos sí marca la diferencia en esta etapa
Este tipo de situaciones no se resuelve con más formación.
Ni con más técnicas.
Ni con otra lista de herramientas.
Lo que suele marcar la diferencia es otra cosa:
revisar cómo estás liderando,
soltar lo que ya no escala,
tomar decisiones que pesan bien acompañado.
Porque dirigir personas no va solo de hacer que las cosas funcionen.
Va de sostenerte tú también en el proceso.
A veces, el primer alivio no es la solución.
Es ponerle nombre a lo que está pasando.
Y a partir de ahí, empezar a pensarlo mejor.
Si te has reconocido en alguna parte de este texto, no es casualidad.
Muchos directivos/as llegan a este punto, no porque lo estén haciendo mal, sino porque lo que antes funcionaba, ahora ya no basta.



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